Cindy Castillo, manager y booker: "Estoy casada con mi trabajo y mis bandas son mis hijos"

Nacida en Honduras, lleva más de una década trabajando en la industria musical. Menuda y metódica, huye del cliché ‘sexo, drogas y rock & roll’ para demostrar que la música es arte y no ocio.

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Camisa de Gema Siveroni. / Foto: Alberto Van Stokkum

Es inevitable acordarse de Paquita Salas (ese personaje maravilloso creado por Javier Ambrossi y Javier Calvo) al oírle espetar a Cindy Castillo “estoy casada con mi trabajo y mis bandas son mis hijos”. Menuda, metódica y exigente Castillo es una de esas criaturas que han sobrevivido a la pérdida y se han levantado cada vez que algo le ha derribado. Afrontó  la muerte de su padre y de su hermana (fueron asesinados por causas políticas en Honduras) a base de lucha y perdón. Quizá por eso, ha aprendido a relativizar lo importante y lo banal. Convencida de que la música es uno de los valores fundamentales de un país, dice que a los dirigentes del Partido Popular “les metería en una habitación tipo a la de La naranja mecánica y les pondría un montón de imágenes sobre lo que supone hacer una gira y todo el trabajo que supone y genera la industria de la música”. O mejor: “Creo que nos los deberíamos de llevar de gira”. Ha trabajado con bandas como Canteca de Macao, Miss Caffeina o Russian Red. Ahora, concentra sus esfuerzos en Lucía Scansetti y Monarchy; además de formar parte del equipo de contratación del festival Mad Cool, que este año celebra su segunda edición y repite ubcación: La Caja Mágica de Madrid.

¿Te ha costado que confíen en ti como manager?
El machismo está en todas partes. Siempre pongo el mismo ejemplo, si estoy en un escenario, de mí piensan que soy la novia del cantante o de alguno del grupo, o la hermana, una grupie o la chica de prensa. Nadie piensa que pueda ser la manager… Como mujer, claro que me ha costado mucho más llegar a donde estoy. De hecho, hasta que no adquiero un comportamiento masculino, en algunas situaciones, no me toman en serio. Pero, afortunadamente,todas las bandas con las que he trabajado, para bien o para mal han terminado funcionando y demostrando que mi criterio tiene un peso. Pero si, el machismo está a la orden del día en cualquier ámbito.

¿Cuándo empezaste en la música?
Estudiaba derecho, quería ser juez. Cuando tenía 17 o 18 años me eché un novio que se dedicaba a hacer fiestas de electrónica en Madrid. Él no hablaba idiomas y yo aprendí a hablar inglés al mismo tiempo que aprendí a hablar castellano; lo cual es una ventaja muy grande. Entonces él, para contratar a djs internacionales, tenía que pagar a una agencia que se llevaba su correspondiente comisión. Para mí solo era hacer una llamada, así que empecé a ayudarle a él y me di cuenta de que me llevaba muy bien con los agentes de los djs. Empezamos a llevar djs, luego bandas y luego nos separamos. Nací en Honduras, lo que pasa que mi madre era militar y estábamos siempre de un lado para otro.

¿Cómo fueron tus inicios en la profesión?
Los inicios son duros. Yo me emancipé con 17 años de mi casa.  Era muy orgullosa así que jamás en mi vida volví a llamar a mi casa para pedir nada. En aquella época estudiaba, trabajaba, tenía la empresa… No sé cómo me daba tiempo a hacerlo todo. La vida me ha ido guiando para coger las riendas de lo que estaba haciendo. Ha habido muchos años en los que no he ganado dinero. Hasta que ya, hoy en día, vivo de esto. Pero la verdad es que hay que tener un cierto carisma o don de gentes para sobrevivir en el trabajo de manager, sin eso es difícil hacer de esto un modo de vida.

Una de las primeras bandas que representaste fue Canteca de Macao
Fue una relación muy especial. Su forma de trabajar era distinta a lo habitual en una banda. Eran nueve personas con voz y voto. La cantidad de cosas que aprendí con ellos fue enorme.

Por los artistas con los que has trabajado no se podría decir que sigues una línea marcada de géneros
Me gusta ver a alguien y que sea una especie de flechazo. Por ejemplo con Canteca de Macao fue amor a primera vista. Con Lucía Scansetti fue amor a primera canción porque nunca había escuchado a alguien tan joven con tanta calidad compositiva. Con Miss Caffeina, conocía del colegio al bajista (Tonino) y un día me enviaron un EP y me enamoré. Y luego les vi y me enamoré más.

¿Cómo te tomaste que Miss Caffeina pasara de ser una banda puramente indie a una con popularidad mainstream?
Miss Caffeina son un grupo con un talento increíble. Ha sido mi banda favorita de durante todos los años que hemos trabajado juntos. Porque sí, porque Alberto ‘lo tiene’. Lo ves encima del escenario y no puedes para de mirar. Ellos están ahí porque son unos currantes y por parte de mi trabajo. Pero cuando el talento existe por algún lado tiene que salir. Su carrera ha sido de pico y pala sin ningún apoyo de nadie durante años más que el mío. Han sabido ganar el respeto del mundo indie y, ahora han dado el siguiente paso que es convertirse en un grupo todavía más grande. Ojalá llenen el Palacio de los Deportes algún día.

Durante un tiempo también trabajaste con Russian Red porque te asociaste con Miguel García garrido, su manager.
Conocí a Miguel y decidimos asociarnos. Todo el disco de Fuerteventura fue el que trabajamos juntos. Fue una experiencia importante. Russian Red es una artista increíble con un talento más allá de Orión. ¡Te estoy hablando de que nos íbamos s Taiwan y vendíamos tres mil entradas! Con ella trabajamos durante un par de años de una manera muy intensa.

Esa manera tan intensa de trabajar se percibía de una manera algo confusa. No se sabía si ella quería trabajar tantísimo o era un exceso de booking
Mira, ella es una persona que sabe muy bien lo que quiere y como lo quiere. Y eso es una maravilla porque al final eso hace que ella transfiera su personalidad a todas las cosas que hace.  Con Lourdes, yo diría que siempre se hizo lo que quería hacer y lo hacía de la manera en la que ella estaba a gusto. Todo el trabajo que se hizo en su día siempre fue acorde con su personalidad y su inquietud como artista.

¿Cómo te tomaste su retiro en Los Ángeles?
Lo entiendo perfectamente. Incluso sin tener en cuenta todo el trabajo en el extranjero, que la prensa aquí la haya machacado y  todo lo que ella genera solo por existir, es una gran decisión. Estar de gira a su nivel de aquel entonces es duro… En 20 días cogíamos 15 aviones, sufríamos cambios de horarios, no podíamos dormir bien… si yo, que no soy la persona que tiene que sonreír y atender a la gente acababa destrozada, imagínate la presión que a ella le debía suponer. Me parece muy bien que decidiera priorizar otras cosas en su vida. Cada uno tiene sus ciclos internos.

¿Crees que el hecho de que Russian Red existiera propició un precedente para que otras chicas se animasen a hacer música?
Creo que Lourdes marcó un antes y un después. Ella abrió un camino: una chica española sola, cantautora, cantando en inglés y que tiene éxito internacional. Gracias a ella ahora es más fácil que, por ejemplo, artistas como Lucía Scansetti, sean más apoyados. Sin una Russian red esto no hubiera sido posible.

No hay demasiadas mujeres en el universo del management. No sé si cuando coincidís en conciertos, eventos o festivales hablas con otras compañeras sobre cómo está la situación de las mujeres en la música. 
Es cierto que hay muy pocas managers chicas. Fuera hay bastantes pero en España vamos 20 años por detrás en términos musicales a todos los niveles; lo que hace más difícil para cualquiera plantearse esto como una profesión de lo que vivir. Está Rosa Lagarrigue, por ejemplo, para mi una de las mejores managers del país. Keyna de Artica, etc Pero si te digo la verdad, no creo que entre nosotras hayamos hecho piña nunca. Aún así espero que con la asociación de Mujeres en la Industria Musical, MIN, la cosa cambie y comencemos a apoyarnos más las unas a las otras.

 

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