¿Deberíamos comer más o menos carne de la que comemos?

Hay muchos factores determinantes de esta preferencia por la proteína animal en detrimento de hidratos de carbono o de la proteína vegetal, que es mucho más saludable y bastante más económica.

carne salud

La falsa creencia de que a mayor consumo de proteína animal, mayor masa muscular cuadra perfectamente con la corriente creciente de culto al cuerpo y a la masa muscular que procesan la mayoría de hombres entre 20 y 45 años.  Es importante saber que al contrario que las grasas e hidratos de carbono cuyos excesos en la  dieta se almacenan como energía de reserva, las proteínas no utilizadas por nuestro metabolismo son eliminadas a través de la orina.  Salvo en condiciones especiales de enfermedad, quemaduras o en deportistas, la ingesta de proteína por persona y día es de 0,8 g por kilogramo de peso. Eso viene a ser, traducido a ración, dos raciones al día de carne o legumbres como la que cabe en la palma de la mano.

Por otra parte, las proteínas que ingerimos a través de la dieta no pueden ser asimiladas tal cual se ingestan. Deben ser degradadas a aminoácidos, que son pequeñas partículas que después nos servirán para construir nuestro propio músculo. Con lo que si sobrecargamos nuestra dieta de más proteína de la que nuestro metabolismo es capaz de degradar y eliminar, estamos sobrecargando el sistema y dañando nuestra salud renal. Por otra parte, cada vez las dietas altas en proteínas están más relacionadas con obesidad, diabetes y cáncer (de colon principalmente) y de muerte a edad temprana.

Unida a esta tendencia proteinística en la dieta, unimos la decadencia del consumo de legumbres, que parece ser un alimento con poco glamour y considerado de “pobres” por tener un precio bastante económico.

Si miramos hacia atrás cuando la población española seguía una dieta mediterránea puramente, la carne prácticamente estaba excluida de la dieta diaria, era una opción para días especiales y a la que no todos el mundo tenía acceso de forma regular. La dieta mediterránea está compuesta por una gran variedad de frutas, verduras y legumbres, aceite de oliva como
grasa para cocinar y poca carne animal.

¿Por qué la pasión actual por la proteína? El florecimiento por doquier de dietas proteicas con las que se prometen grandes pérdidas de peso comiendo todo lo que quieras hace que se haya instalado en la conciencia actual que el consumo de proteína nos ayudará a tener el cuerpo perfecto que vemos en cine o televisión.

La única base que puede apoyar esa creencia es el gasto energético que se producen en la digestión de los distintos alimentos:

● Grasas: un 2,5% de las calorías ingeridas en grasas son quemadas para digerirlas.
● Hidratos de carbono: tienen un gasto termogénico de digestión del 7%.
● Proteína: el gasto termogénico de las proteínas es de un 27% del total de calorías que
aportan debido a su compleja digestión.


De ahí la coletilla de la dietas proteicas de “cuanto más comas, más adelgaza”, sin tener en cuenta que la carne, además de proteína, también aporta una gran cantidad de grasa que colabora al aumento de las calorías ingeridas. Y desde luego se obvia el sobreesfuerzo al que nuestro metabolismo se ve sometido por verse obligado a digerir ese exceso innecesario de
proteína.


Dietas proteicas
● Dieta Dukan.
● Dieta Atkins.
● Dieta definición fitness.
● Dieta Siken.
● Dieta Scardale.

Último consejo: Llevar una dieta sana donde prime el equilibrio entre los alimentos paraproporcionar a nuestro cuerpo los nutrientes que necesita sin que prime ningún grupo de alimentos y por supuesto tampoco la eliminación de algún otro macronutriente ni micronutriente. El compendio de todos ellos hace que nuestro cuerpo funcione de una forma coordinada y saludable.

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