Mi pequeño rifle: los niños que juegan con el peligro

Algunos chicos juegan con juguetes, pero estos niños prefieren hacerlo con mortíferas armas de fuego de colores chillones. La fotógrafa An-Sofie Kesteleyn viajó a los Estados Unidos para intentar entender la atracción por las armas.

Mi primer rifle, los niños que juegan con el peligro

En abril de 2013, en el estado norteamericano de Kentucky, un niño de 5 años llamado Kristian Sparks disparó accidentalmente y mató a Caroline, su hermana de 2 años. El rifle de tamaño infantil que disparó la bala mortífera no era de sus padres: era un regalo que le habían hecho a Kristian. Desde el otro lado del océano Atlántico, la fotógrafa belga An-Sofie Kesteleyn leyó el trágico incidente en su periódico local. Se quedó horrorizada por la historia, pero se dio cuenta de que fotografiar a niños que tienen armas daría como resultado una serie impactante de retratos.

En el punto de mira

Al poco tiempo, Kesteleyn se embarcaba en un viaje por carretera de tres semanas desde Ohio hasta Texas, fotografiando a niños que tenían el mismo tipo de arma que mató a Caroline Sparks. "Fui de tienda de armas en tienda de armas y de campo de tiro en campo de tiro, para dar con estos perfiles de niños", relata. Kesteleyn enseguida vio que el público objetivo al que van dirigidos estos rifles, muy ligeros (a los que se les conoce popularmente como rifles Crickett), son niños de entre 5 y 12 años, y se venden bajo el eslogan Mi primer rifle. Disparan balas del calibre 22, y cada año en Estados Unidos se venden más de 60.000 unidades de este tipo de armas.

Kesteleyn fotografió, con el permiso de sus padres, a cada pequeño dueño de estas armas en su casa. También pidió a los niños que dibujasen sus mayores temores, aquello de lo que ellos creían que sus rifles podían protegerles. "Me planteé el proyecto con la mente abierta y sin ideas preconcebidas porque tenía que ser neutral. Pero estoy convencida de que cuando la gente vea las fotografías por primera vez, les resultarán muy impactantes", cuenta la fotógrafa belga.

Abby, 7 años, Kentucky

La idea inicial de An-Sofie Kesteleyn consistía en hacer unas fotografías que resultasen espontáneas, como si estuvieran hechas al vuelo, pero después cambió de opinión y decidió que resultaría más impresionante retratar a cada niño en sus respectivas habitaciones. Para algunos, como Abby, su arma es poco más que un accesorio de moda. "Tuve la sensación de que a algunos niños les obligaban sus padres a practicar esta afición". La fotógrafa también pidió a los niños que dibujasen lo que más miedo les diese. En el caso de Abby eran los zombis.

Tatum, 6 años, Louisiana

Kesteleyn nos cuenta que "Tatum vivía en una pequeña ciudad donde muchos niños tenían armas de fuego". Al principio, a ella solo le interesaba fotografiar niñas, “porque sus rifles son de colores muy chillones", pero no pudo resistirse a retratar a Tatum, por su cara de bebé. La fotógrafa mantiene que "es más evidente y está más aceptado en el caso de los chicos. Es más normal que sean ellos los que se pasen una tarde en el campo de tiro practicando su puntería". En su caso, el arma le sirve para "protegerse" de los hombres lobo.

Haley, 6 años, Kentucky

Mi primer rifle, los niños que juegan con el peligro

Kesteleyn conoció al padre de Haley en un campo de tiro. “Haley vivía sola con él. Sus padres estaban divorciados”. Cuando llegó a su casa, descubrió que había rifles tirados por los armarios. “No creo que Haley use demasiado su rifle. Para muchos de estos niños es un tema generacional. Como sus padres tienen armas de fuego, ellos reciben una”. Haley teme a los tiburones.

Benjamin, 7 años, Louisiana

Cuando la fotógrafa conoció a Benjamin le chocó mucho lo que se parecía a Kristian Sparks. Tenía más o menos su misma edad y una hermana menor, de 3 años, que correteaba en el patio trasero. "Ella era demasiado joven para tener un rifle, pero ya tenía una pistola de aire comprimido de color rosa". Benjamin está atento a que no se le acerque ningún oso.

Abby, 8 años, Ohio

"Se notaba que a Abby le gustaba disparar: era una niña muy dura. Su pose en la fotografía es improvisada por su parte, no le tuve que hacer ninguna indicación". Pero para su familia, la seguridad es una prioridad. "Tuvimos que ir a la casa de la abuela a coger el rifle del armero blindado donde estaba guardado". Lo que más teme Abby en el mundo son los dinosaurios.

Lily, 6 años, Kentucky

La habitación de Lily estaba impoluta. "Era muy tímida. La familia tenía un armero blindado donde guardaban su rifle con los de su madre y su padre. La gente los instala para que las armas estén a buen recaudo y por si se quema la casa o sufre una inundación. De esta manera, las armas de fuego no se estropearían". Lily es otra niña que tiene miedo de los zombis.

"Sigue, dispara"

A la niñita de esta fotografía le dijeron que hiciera prácticas de tiro al blanco en el patio trasero de su casa dos veces por semana. Según Kesteleyn, "la niña se acababa cansando, porque el rifle resulta pesado para un niño de 6 años. A menudo, prefería jugar con sus muñecas, pero entonces su padre le gritaba cosas del estilo: 'No, todavía tienes que pegar 20 tiros más'". Kesteleyn añade que "muchos padres quieren que sus hijos se acostumbren a las armas. Lo consideran una afición, pero también quieren que aprendan a protegerse a sí mismos cuando sean más mayores".

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