Rebajas en Puma y debates feministas por prohibir pasajeras con ‘leggings’ en un vuelo

Los ‘leggings’ son los nuevos tacones en los códigos de vestimenta. La compañía aérea United Airlines ha reabierto la polémica sobre la discriminación femenina.

Bella Hadid y Hailey Baldwin, a la salida de un vuelo. © Instagram de Hailey Baldwin.
Bella Hadid y Hailey Baldwin, a la salida de un vuelo. © Instagram de Hailey Baldwin.

Poco después de que United Airlines no dejara subir a uno de sus aviones a tres pasajeras con leggings (según la compañía, llevaban tarjetas de empleados, y el código de vestimenta de los trabajadores les prohíbe llevarlos), Puma decidió apoyar a las amantes de las mallas. “Volamos con leggings. Trae tu billete de @United [Airlines] a cualquiera de nuestras tiendas estadounidenses para un 20% de descuento en leggings”, publicó la marca en Twitter.

“Vi la historia el lunes por la mañana y no pensé mucho en ella”, dijo Adam Petrick, director global de marketing y marca de Puma. “Pero entonces todo el mundo estaba hablando de eso, y parecía que podíamos divertirnos con el tema (…). Somos una marca deportiva, y vemos claramente que los leggings son pantalones, y las mujeres de cualquier edad deben poder llevarlos siempre que quieran”.

 

En realidad, o sabemos qué ha sido más chocante, que Puma haya monetizado el movimiento proleggings, que esta prenda se halla convertido en un símbolo feminista a raíz del incidente, o, como New York Times plantea, qué esconde el código de vestimenta de esta línea aérea.

“Los leggings son la excusa –o el símbolo–. Pero centrarse en ellos (…) es alejarse del asunto. La cuestión central no es si los leggings son apropiados para los aviones. La pregunta es, como en todas las discusiones del código de vestimenta, quién decide. ¿El individuo o el grupo? El individuo o el negocio? ¿Tenemos todos el derecho inalienable de expresarnos con la ropa?”, dice el mencionado artículo.

De este modo, se trataría de un caso de similares connotaciones al de aquella mujer de Reino Unido cuya empresa envió a casa por negarse a usar tacones altos. Algo que nos recuerda tímidamente a aquel deseo del presidente Trump de que las mujeres se vistieran como mujeres, lo que generó su propio hashtag de consternación.

A nivel político, la cuestión está a la orden del día. Hace poco más de un año, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de Nueva York se pronunció en este sentido cuando publicó unas directrices que prohibían “hacer cumplir los códigos de vestimenta, uniformes y estándares de aseo que impongan diferentes requisitos basados ​​en el sexo o el género”. Además, en el Parlamento Británico se ha llevado a cabo este mes un debate sobre el atuendo femenino en el lugar de trabajo, provocado por la disputa de los tacones. Se concluyó que había “discriminación generalizada” contra las mujeres, y se ha solicitado a los empleadores que revisen los códigos de vestimenta.

A nosotras se nos ocurre una solución radical, pero efectiva: la imposición de moda unisex en los códigos de vestimenta laborales. Sería lo más cómodo, en todos los sentidos. Y los trabajadores se prestarían de buen grado.

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