Descubre el centro CYD Santa María, donde los caballos curan y se curan

"Es posible volver a la vida", afirman las mujeres víctimas de la violencia de género tras conectar con los caballos del centro CYD Santa María, uno de los albergues para caballos maltratados y abandonados más grandes de Europa. Aquí los equinos 'hablan' con las mujeres para ambos ayudarse a salir adelante.

Caballos

Susana entra en el albergue cabizbaja y temblorosa, le dan miedo los caballos pero su amiga se ha empeñado en que venga a dar un paseo para conocerlos. Susana, una mujer de mediana edad, no sabe que estos caballos han sufrido las mismas palizas que ella, no sabe de sus torturas, de su dolor. Ella camina de la mano de Concordia Márquez, la fundadora del centro CYD Santa María, cuando una yegua blanca se acerca, mira a Susana con cariño, le da vueltas y se sitúa tras ella. Se llama Lluvia. Concordia sabe que esa es la señal e invita a Susana a que hable de su vida. Y Susana, en voz baja, comienza a contar su historia. La yegua se acerca más y con el morro le ofrece caricias. Susana coge confianza y comienza a narrar las palizas, entre sollozos habla de su suegro y de su marido que la torturan desde hace años. Tiene quemaduras por todo el cuerpo. Lo que ella no sabe es que Lluvia fue quemada viva por diversión. La yegua le ofrece su amistad y Susana pierde el miedo, su autoestima florece. "Parece un milagro" –dice Concordia– "pero la realidad es que los caballos son capaces de leerte el alma. Te dicen "te entiendo, yo estoy aquí para ayudarte".

Primeros pasos

Aquel paseo con Lluvia fue la primera vez que Concordia vio el magnífico resultado que sus caballos podían hacer con las mujeres. Hasta ahora habían tenido experiencias con niños problemáticos a los que los caballos habían ayudado. Incluso uno de estos niños, que además era discapacitado, salió sin muletas del centro CYD Santa María. Pero era la primera experiencia con mujeres. Susana llegó de la mano de la madre de uno de estos pequeños. Cuando la mujer salió de aquí y su marido volvió a levantarle la mano, Susana le dejó y por fi n ha rehecho su vida. Este fue el principio de un boca a boca que hasta ahora ya ha traído a casi una veintena de mujeres. "Los caballos tienen un alma transparente, te lo dan todo –añade Márquez–, yo lo único que hago es hacer de intérprete entre estas mujeres y los caballos. Ellos son los que se ayudan mutuamente".

El nacimiento de una idea

Caballos

Concordia Márquez competía a nivel internacional, hija del embajador de Filipinas en EE. UU., ha trabajado con los mejores entrenadores del mundo y lo ha aprendido todo sobre el caballo. Cuando llegó a Andalucía se horrorizó ante la situación: "En el resto de Europa creen que este es un paraíso para estos animales pero dista mucho de la realidad. Sobre todo tras la crisis. Muchos son adquiridos como objetos de lujo y cuando la economía no va bien se deshacen de ellos". Cientos de caballos son arrojados en "cementerios" donde les atan las patas a un poste y les dejan morir de hambre y de sed –denuncia Concordia–. "Otros son abandonados solo porque se han quedado cojos y es más barato deshacerse cruelmente de ellos que ayudarles". Hay gente que su caballo le ha servido fielmente más de veinte años, "y en lugar de cuidarlo,como harías con un perro o un gato –señala–, le llevas a hacer carne". El matadero de Sevilla sacrifica picos de hasta 500 caballos por semana en sus instalaciones.

Ante esta situación, Concordia decidió comprar un terreno cerca de Málaga y construir este santuario. Su hermana Virginia y el resto de su familia se unieron a ella y a día de hoy han vendido hasta sus casas para salvarles. Crearon una asociación sin ánimo de lucro que solo cuenta con la ayuda de los que quieren apadrinar caballos y de los que adoptan. "Nosotros los curamos y les intentamos buscar un nuevo hogar pero no es fácil, ahora mismo tenemos 57 caballos esperando ser acogidos", señala Concordia. Su asociación ya ha salvado a más de 3.000. "La administración deberían ocuparse de lo que ocurre –añade Virginia– pero no hace nada".

Caballos y autoestima

Caballos

"El problema estaba en casa, era papá; papá bebía, papá mandaba y se hacía lo que decía y, si no, papá pegaba. Si mamá se defendía se llevaba ella las palizas. Así que mejor yo que mamá. Esto un día y otro y otro y así veinticinco años", cuenta Ana, otra de las mujeres que acude a abrir su alma a los caballos. "Yo no creía en esto. ¿Cómo me iba a ayudar un caballo si las pastillas no lo habían conseguido? Pero un amigo que trabaja aquí de voluntario me convenció. Concordia me puso delante de un caballo –comenta Ana– y me dijo: "Habla con él". "Yo me quedé allí sola, con miedo, sin saber qué hacer. Comencé a decirle todo lo que tenía dentro y en qué me había convertido. Lloré, grité y el caballo, lejos de irse, se fue acercando más. Cuando ya estaba con mi llanto a lágrima viva, me puso la cabeza en el hombro, fue como si me abrazara. En ese momento perdí el miedo. Es como si te fusionaras con ellos, entienden por donde has pasado. Es amor".

Luego el tiempo y algunos ejercicios con ellos van reconstruyendo la autoestima, la seguridad, tal y como tuvieron que hacer los caballos cuando llegaron aquí. "Ambos vivimos el mismo proceso", explica abiertamente Ana. Elena también conoce muy bien estas etapas. Su autoestima aún hace aguas pero gracias a Teide, un precioso ejemplar azabache, está empezando a ver la luz. "Mamá siempre está en la cama", esta frase fue la gota que colmó el vaso para Nuria, la amiga de Elena, que trabaja de voluntaria en el centro. Elena llevaba meses desaparecida. No salía de casa, perdióel trabajo, estaba hundida y no se dejaba ayudar. Su pareja la maltrataba psicológicamente. Cuando esto empezó a afectar a su hijo, Nuria pensó que tenía que hacer algo urgente. Así que recurrió a los caballos. Había visto lo que Concordia hacía con otras personas y quiso intentarlo.

Hoy Elena está saliendo adelante, aprendiendo a quererse –cuenta Nuria– gracias al amor que le da Teide, un caballo abandonado que estuvo a punto de morir por las torturas. Ya es por la tarde y los caballos descansan en las recién reconstruidas camas de paja tras las intensas lluvias que sufrió Málaga hace unos meses. Su mirada y sus cuerpos maltratados hoy transmiten paz. Es hora de que este mundo les devuelva ese amor que regalan otorgándoles algo de humanidad para que puedan seguir adelante.

 

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