Tsundoqué: '¿Dónde vamos a bailar esta noche?', de Javier Aznar

"Tsundoku" es un término japonés que designa al hecho de comprar libros y amontonarlos en la mesita de noche sin llegar a leerlos jamás. Cada 15 días, aquí nos encargamos de deshacernos de él. ¿Tsundo... qué?

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Mélanie Laurent como Shosanna Dreyfus en 'Malditos bastardos'. Fotograma: Universal Pictures.

Mentir a los padres es una cosa feísima. En ocasiones, no obstante, resulta ardorosamente necesaria. Sobre todo en la adolescencia. No iba una entonces a contarles que se había quemado la barriga con la plancha después de que su madre le repitiera doce veces que se pusiera algo encima mientras aplastaba las arrugas de la camiseta. Tampoco les iba a confesar que se le había pasado la fecha de matriculación en el curso intensivo para el examen de inglés. Una se tragaba el gritito y arreglaba el estropicio. Es que he visto que han sacado una oferta buenísima para julio y yo creo que es mucho mejor. ¡Así tengo las mañanas de verano ocupadas y, encima, no os molesto! Más feo que mentir es dar un disgusto. Y de todas formas, antes o después se iban a enterar. Ya fuera vía biquini, panfleto publicitario extraviado o cena de Navidad familiar.

Aunque también los hay que practican la confesión pública en papel impreso. 

A Javier Aznar y a su hermano les ha aguantado el secreto casi dos décadas. De niños, lisiaron un mueble mientras jugaban al fútbol en casa de sus abuelos. No era la primera vez. Ya habían mutilado una mesa y un paragüero. "Tras descartar el plan de hacer un petate con sus pertenencias y fugarse a un país sin tratado de extradición", recompusieron el trasto con Super Glue, canonizable mejunje, y nadie nunca sospechó nada. Qué hacían unos niños aún en edad de jugar al fútbol dentro de casa manejando un bote de Super Glue es algo que dejamos al horror de hermanos mayores y padres primerizos. ¿Entrarían en pánico cuando se les endurecieron las yemitas de los dedos por culpa del pegamento? ¿Fueron entonces conscientes de que acababan de entrar también en contacto con la adolescente noción del karma? ¿Fueron estos dos los padres espirituales del niño de Ohio de ocho años que llevó a su hermana de cuatro a McDonald's en furgoneta? Desconocemos las respuestas, pero sí sabemos que se libraron de la reprimenda. Hasta ahora. Si es que no ha prescrito. La madera de aquel mueble ya debe de haberse convertido en cinco cuadernos ecológicamente reciclados. O en libros. Uno como el que Javier, en 266 páginas (no necesariamente recicladas), ha llenado de migajas de infancia, ráfagas de adolescencia y jirones de la veintena. 

 

En ¿Dónde vamos a bailar esta noche? Javier Aznar habla de lo que mejor conoce. Él mismo. Su primer libro, publicado por Círculo de Tiza, es hijo del dietario y el ensayo personal. Es un diario sin cronología ni fechas. 

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El diseño de la portada es obra de Rodrigo Sánchez, director de arte del diario El Mundo.

Tienen algunos escritores la manía de horrorizarse cuando se les pregunta por sus memorias. ¡A quién le puede interesar eso! No, no, no. No soy tan egocéntrico. Se sacuden la idea como si fuera pelo recién cortado. Es llamativo. Entre una maraña de factores extra, la supervivencia de la novela se debe a que toda historia particular encierra una universal. El contenido trasciende al texto. En el relato personal, también. 

Nunca es sólo el qué. Cualquier vida es aburrida si no se sabe contar. Y eso Javier lo doma. La imaginación se le derrama. Tiene la habilidad de parar la escena en mitad de la acción, construir una alternativa con dos golpes de hilarante histeria y retomar la principal de nuevo como quien unta en pan mantequilla derretida. Es un Walter Mitty criado en Santander y moldeado en el barrio de Salamanca cuyo único amor verdadero será siempre Manhattan.

¿Dónde vamos a bailar esta noche? remueve los recuerdos del lector y le refresca los que querría tener. Lo hace sin nudos ni tirones. Su lenguaje es limpio. No hace flic-flacs sobre el teclado. Javier tiene la pulcritud de la prosa estadounidense, la ocurrencia desbocada de un niño de seis años y el humor ágil de quien se ve desde fuera. En su primer libro ha reunido 47 textos bien entallados, que, como los tráileres de antes, guardan el respeto a la elegancia y enseñan sin revelar. 

Comenzó escribiendo de música y conciertos en la web de un amigo. Luego lo fichó la revista Elle. Sus posts han aparecido en tu Facebook, te los has cruzado como pantallazo en Instagram y alguna amiga te ha enviado, al menos, uno de sus links. Se hacía llamar El Guardián [entre el centeno] y escribía en un blog titulado Manual de un buen vividor. Allí hablaba de "libros, canciones, películas, restaurantes, copas, noches y chicas". La carta de presentación que todo padre querría para su yerno.

Pero el autor no es Rick Blaine. Y pese al ornamento y el empeño del prologuista, tampoco pretende serlo. Javier escribe de fiestas, amigos atormentados, cenas, imaginarias rencillas de infancia, sus días en Nueva York, chicas ya sin cara con repentina fecha de boda, y pasa de puntillas por el dolor. No se recrea en el sufrimiento. Intenta buscar la lección. Ahí, y en su carrera tras la belleza en el estilo, está el buen vividor.


Javier se encarga de aligerarse. Se ríe de sí mismo. Borda el humor de perro apaleado que bordea lo autodestructivo. Vetea sus historias con nombres de películas, libros, series, su pelea contra los hashtags (se niega a ser millennial) y extraños episodios musicales en un taxi. Sus relatos son trofeos de veinteañero y un par de rasguños que ya han cicatrizado. Congelan el recuerdo recordado, aquel al que la memoria ya le ha limado las aristas. Por eso cada uno es tan claro. 

El autor hace una epopeya de cualquier historieta. Convierte una salida en barco con amigos en un fragmento de la adaptación de La Odisea que, aunque ya le gustaría, jamás escribirá Aziz Ansari. Si la biblioteca fuera una cena, ¿Dónde vamos a bailar esta noche? sería el invitado que, cuando cuenta una anécdota, conquista el silencio y lo corona con una explosión de carcajadas.

En un lunes de gimnasio cada minuto dura una hora. En ¿Dónde vamos a bailar esta noche? la juventud dura toda la vida. 

 

Ficha técnica

Autor: Javier Aznar

Título original: ¿Dónde vamos a bailar esta noche?

Editorial: Círculo de Tiza

Número de páginas: 280

Primera edición: mayo 2017

Precio de venta: 23, 00 €

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