El 'instafollow' de la semana: Sheena Liam, la modelo que ilustra con hilo y aguja

Esta malasia de 26 años logra que bordar y posar parezca coser y cantar.

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Foto: Times.News.Romance, el perfil artístico de Sheena Liam.

El espejo del cuarto de baño es testigo diario del diamantino instinto de superación del ser humano. De su empeño inquebrantable por lograr que la colita de la raya del ojo no parezca la representación facial de un poste de luz tumbado. De su obcecación por conseguir que la barra dure inmaculada más de tres horas sobre los labios (conquistará el ser humano Júpiter antes de que  un labial resista al helado y el aceite). De su tesón precita romántica por conquistar la cima del arte del moño deshecho.

Pero a veces la victoria ocurre más allá de los márgenes del cristal. El moño afrancesado (que no es el de ballet, sino el de ah–ups–pues­–ni–me–había–dado­–cuenta–de–que–estos–mechones–que-casualmente-coinciden–coinciden–con–los de–los–reflejos– balayage–me–enmarcan–el–rostro–en–perfecto–equilibrio) se corona en un momento estelar de desesperación bibliotequera, al despertar de una siesta o a través de una aguja y un trozo de paño e hilo. Así lo hace Sheena Liam. En parte. El pelo que ella enreda no es el suyo. Ni siquiera es pelo. Ella los moños, en lugar de hacerlos, los cose.

No se dedica a ello. No a tiempo completo. Sheena Liam es modelo. Tiene 26 años y hace tres ganó la segunda temporada de Asia’s Next Top Model. Entonces se mudó a Londres y comenzó su periplo por revistas y escaparates. Ha protagonizado la portada de Harper’s Bazaar y una campaña de Levi’s. Y titulares. Pero no por su físico. Su fama está en sus manos. En su tiempo libre borda ilustraciones. Su trabajo en Instagram ha atrapado, en menos de un mes y medio, a más de 66.000 seguidores.

Sus dibujos hilados contornean en negro a mujeres de melena larga y estética ochentera que se ajustan la trenza, comen fideos o se desperezan en ropa interior. Por ahora no están a la venta, pero sí en exposición, en el centro Chi Chi Von Tang, Singapur. Que a lo mejor pilla un poco lejos. Pero para eso está Instagram. Para que lo contemples desde el sofá.

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